En este post se ofrece una secuencia en el uso de la metodología ABP en cuanto al nivel de complejidad que pueden tomar los proyectos. Desde aquellos que pueden ser llevados a cabo desde una única asignatura, implicando a un solo profesor o profesora hasta aquellos que pueden implicar a todo el centro, con verdaderas acciones de coordinación, tanto en sentido horizontal como vertical.

La metodología de proyectos, también llamada ABP (Aprendizaje basado en proyectos) supone generar en el alumnado la necesidad, interés y curiosidad por aprender para satisfacer un interrogante, un reto o una propuesta de investigación que se le lanza. Además, es necesario que el proceso que lleve a cabo, tenga conexión con la vida real y poder garantizar así, que lo que aprende tiene sentido; que será algo práctico y estará contextualizado.

Precisamente esta circunstancia demanda que los aprendizajes estén interrelacionados entre los que son propios de las diferentes áreas o materias.

El currículo oficial está muy fragmentado en los diferentes saberes que se vinculan a cada disciplina, y precisamente esto provoca aprendizajes artificiales, descontextualizados de la realidad, que dificultan considerablemente la aplicación de la metodología de proyectos.

Los aprendizajes en la vida son integrales, no responden a criterios de atomización, por lo que podría decirse que el enfoque curricular que aporta el sistema educativo, no ayuda en este sentido. En realidad dificulta la aplicación del ABP en las aulas.

A la hora de diseñar proyectos, la coordinación entre profesores/as que impartirán asignaturas con presencia en el proyecto es muy necesaria. Una gran dificultad es que en ocasiones no disponen del tiempo suficiente para trabajar conjuntamente, y esto se convierte realmente en un escollo que hay que salvar.

Para comenzar con ABP de manera progresiva, se podría empezar a utilizar esta metodología a través de lo que podríamos llamar “proyectos de aula” donde todo el conocimiento a generar a lo largo del proceso se vincula con una única asignatura. Se trata de proyectos muy específicos, pero que  ponen en juego una intervención activa por parte del alumnado, generando con cierta autonomía el aprendizaje, buscando información, planificándose, decidiendo cómo llegar al producto final, etc.

Este planteamiento es una buena manera de iniciarse, tanto para el profesorado como para el alumnado, si no se está habituado a trabajar por proyectos. En principio facilita la labor docente porque no requiere de coordinación ni integración de disciplinas. Los proyectos a generar serán de poca envergadura y muy específicos, precisamente por respetar esta circunstancia, pero son un buen comienzo.

Cuando ya se goza de cierta experiencia y alumnado y profesorado se han familiarizado con la metodología a pequeña escala mediante los proyectos de aula, se estará en situación de abordar los “proyectos interdisciplinares”. Estos son de mayor envergadura y albergan conocimientos necesarios de más de una asignatura para poder tener éxito en su proceso y en la generación de un producto final. Los proyectos de este tipo requieren coordinación entre los profesores implicados a la hora de ser diseñados, de saber lo que cada asignatura aportará, en qué momento intervendrá cada una, cómo se evaluará la aportación de cada parte al proyecto, etc.

Funciona muy bien en este sentido dibujar el proyecto mediante una línea de tiempo donde se represente de manera visual en qué momento toma protagonismo cada asignatura a lo largo de la vida del proyecto, y de qué manera.

Es conveniente que intervengan asignaturas que realmente puedan desarrollar objetivos y contenidos con coherencia en lo que será el proyecto, renunciando a intervenciones artificiales que en realidad no dan peso al proyecto. Tiene más sentido diseñar proyectos interdisciplinares con 3 ó 4 asignaturas claramente necesarias que pretender meter todas las que hay en un curso de manera artificial y forzada. Cada asignatura que participe en el proyecto, debe ser capaz de incorporar una parte de su programación.

Concebir de esta manera los proyectos es algo realmente interesante y con capacidad de dar mucho sentido a los aprendizajes que construye el alumnado, pero hay que consensuar desde cada asignatura el momento del curso en el que se llevará a cabo, asumiendo los conocimientos previos y asociados que requieren los que están vinculados al proyecto.

Tanto en el caso de los proyectos de aula como en el de los interdisciplinares, la coordinación necesaria será de tipo horizontal, ya que serán planteados en el seno de un mismo curso.

Un paso más en la progresión de lo que puede suponer el ABP en este sentido, podrían ser los “proyectos interdisciplinares de diferente nivel” donde en un mismo proyecto podrían intervenir, alumnos/as de diferentes cursos, a través de alguna/s de su asignatura/s.

Y todo esto se puede complejizar más si hablamos de “proyectos de centro”, donde a través de proyectos interdisciplinares de diferente nivel se aborda un tema genérico y común en todos los cursos.

Es necesario llevar a cabo esta secuencia para garantizar que la experiencia que se va adquiriendo, sirve realmente de soporte que garantice la coherencia en el uso de esta metodología.

Una vez más nos referimos a la necesidad de tomar decisiones colegiadas por parte de los claustros, y que de esta forma, la implementación de una metodología sea una línea pedagógica de centro, y no una acción puntual de un docente. Sólo de esta manera se podrá avanzar el modelo pedagógico del centro.