En este post se pone de manifiesto el impacto que recientemente está teniendo la Neuroeducación como motor de cambio de arraigadas actuaciones didáctico-pedagógicas que mucho distan de lo que estos nuevos enfoques proclaman. Se impulsa desde esta disciplina un cambio de paradigma pedagógico que el ámbito docente no debería obviar.  Se anima a la lectura de textos basados en la Neuroeducación y a descubrir nuevos modelos de intervención pedagógica; todo ello, con un aval científico.

¿Has oído hablar de Neuroeducación? ¿Será una nueva moda incorporada al sector educativo? ¿Una revolución con capacidad de transformar el paradigma pedagógico que ha reinado hegemónicamente en las aulas? Afloran gran cantidad de textos, congresos, eventos, materiales, vídeos divulgativos y nombres como Francisco Mora, Jesús Guillén, David Bueno, Mariano Sigman… asociados a la Neuroeducación. Se trata de una reciente disciplina, que emerge con fuerza y va tomando interés entre el sector educativo, porque viene para quedarse.

La enseñanza de la lectura debería retrasarse y no abordarse específicamente hasta haber finalizado la etapa de Educación Infantil; el trabajar con bits de inteligencia en la primera infancia no tiene ningún impacto en procesos cognitivos; un aprendizaje capaz de impregnarse de emociones va a perdurar más; el juego y el enfoque lúdico debería tener cabida en  todo aprendizaje en cualquier etapa de la vida; la atención se activa generando situaciones de curiosidad; la Educación Física, Música y Arte son materias con capacidad de incidir en procesos cognitivos de manera indirecta; la teoría neurológica de las inteligencias múltiples se desmorona; la sesión expositiva del docente evidencia poco impacto en los procesos de aprendizaje del alumnado; la actividad física y el movimiento son muy beneficiosos para facilitar procesos cognitivos…

Son éstas, ideas cada vez con más reconocimiento desde la Neuroeducación, que ponen en jaque las creencias educativas que conformaron el sustrato más firme de gran parte de la intervención pedagógica que se admitió como valiosa durante mucho tiempo atrás.

Este emergente entorno documental cobra cada vez más estatus, con evidencia científica que lo avala. Textos que cuestionan tradicionales paradigmas educativos basados en la rigidez y en la hegemonía del paradigma expositivo del docente, documentales sobre el funcionamiento de un cerebro que aprende, explicando cómo lo hace en las mejores circunstancias; todo apoyado en métodos de observación del funcionamiento del cerebro que aportan evidencia fisiológica de cómo se comporta el cerebro humano en diferentes acciones cognitivas. Técnicas electrodiagnósticas y de resonancia se han puesto al servicio de la Neurología para hacer aportes de valor a la Educación.  Datos que cobran interés sobre cómo responde el cerebro cuando interviene en procesos relacionados con las funciones ejecutivas, con la vivencia de las emociones, con procesos atencionales… estos análisis, filtrados por el tamid de la Pedagogía y la Didáctica, aportan sin ninguna duda, nuevas conclusiones  sobre cómo se debe intervenir en las aulas para mejorar los aprendizajes. Y distan mucho de las creencias que se han venido manejando tradicionalmente.

Las metodologías activas que ponen al alumnado en el centro, que le dan protagonismo, que le hacen colaborar, analizar, sacar conclusiones, divertirse, moverse, relacionarse con sus iguales, tomar iniciativas e incluso emprender, es lo que parece ser más adecuado. No es una moda, es evidencia científica avalada por expertos que han sido capaces de hacer una inmersión en el contexto educativo y generar difusión científica de altísimo valor.

Docentes de todos los entornos no deberían dar la espalda a estas teorías. Ya no es cuestión de moda, se trata de ciencia.