En este post se pone en valor el aprendizaje experiencial: aquel que se genera desde la propia vivencia del sujeto, basado en lo que se ha dado en llamar “ciclo de aprendizaje de Kolb”. Se trata de un proceso que se describe a través de fases y que tomó el nombre de su autor. En el texto se expone la aplicación práctica de esta teoría mediante estrategias muy concretas para llevarlo a cabo.

El aprendizaje informal es el que las personas generan en situaciones de la vida cotidiana, la mayoría de las veces por propia necesidad. Dichos aprendizajes no se encuentran en el contexto escolar; sin embargo, resultan ser los más potentes.

Inspirándonos en esta realidad, podríamos tomar como base “el aprendizaje fuera del aula” como motor de aprendizaje experiencial en donde se produce la vivencia que desencadenará todo el proceso. Escenarios en este sentido como los espacios informales del centro, capaces de ofrecer la posibilidad de que el alumnado haga comprobaciones, manipule materiales, construya prototipos, acuda al laboratorio para experimentar, mezcle alimentos y los cocine, mida superficies, etc. serían de gran valor.

Desde otro punto de vista, “el aprendizaje en el lugar de trabajo” también aporta una vivencia significativa, desencadenante de este tipo de vivencias; es lo que también se denomina “aprendizaje situado”. En este caso, acudir a entornos profesionales  puede ser interesante. En estos casos es de gran importancia preparar bien la visita que se va a realizar.

Pueden considerarse además otro tipo de salidas del aula, mucho más asequibles, dentro del entorno del barrio, viviéndose como “espectadores activos”, “testigos de sucesos”, “observadores participantes”. Utilizar estos entornos circundantes para recoger información de primera mano, hacer fotografías, realizar entrevistas, representar lugares esenciales mediante la elaboración de croquis, esquemas o dibujos, verificar situaciones, etc… son   situaciones que ponen al alumnado en el rol de observador activo de la realidad, con la cual se fusiona, llevándole a vivir una situación clara de aprendizaje.

Dependiendo de las áreas curriculares y de los contextos en los cuales queramos ubicar el aprendizaje experiencial,  los escenarios deberán ser unos u otros.

Las experiencias motrices, considerando el propio cuerpo del alumnado como protagonista también resultan de gran potencial para generar estas vivencias. Pueden aportar situaciones lúdicas que ofrecen al alumnado la posibilidad de implicarse activamente en una tarea para sacar conclusiones. Por ejemplo vivenciar situaciones de equilibrio con su propio cuerpo, bien sea estático o dinámico, generar figuras entre varios compañeros focalizando la atención en la base de sustentación, las palancas, la aceleración y deceleración, y otras muchas situaciones de la física aplicadas al propio movimiento. En este sentido también se podrían provocar mediante diferentes propuestas, cambios en los órganos y sistemas del cuerpo humano como modificaciones de la frecuencia cardiaca, la temperatura, la tensión muscular, etc. para incidir en aprendizajes relacionados con el cuerpo humano.