En este post se dan pautas concretas de actuación para incorporar en el aula el programa de trabajo “El cuerpo entra en la clase”. Se trata de una propuesta basada en principios de la Neuroeducación, que tiene por objeto dar protagonismo al movimiento y a la experiencia corporal dentro de las aulas, en asignaturas ajenas a la Educación Física, para incidir en los procesos atencionales, utilizándose a modo de incisos motrices como un descanso activo, para mejorar, en definitiva, el proceso de enseñanza-aprendizaje

Desde que hemos empezado a difundir el programa de trabajo “El cuerpo entra en la clase” en las redes sociales, como consecuencia de la formación que llevamos a cabo en torno a él en numerosos equipos docentes de diferentes centros, hemos recibido muchos comentarios y reflexiones, orientadas a manifestar el agrado y satisfacción que provoca esta intervención en las aulas. Nos han volcado dudas e interrogantes respecto a cómo incorporarlo de manera concreta y también a cómo evolucionarlo, una vez introducido, y es por lo que queremos dedicar este post a dar sencillas pautas sobre esto. Esperamos contribuir a que sea posible introducirlo de manera eficaz y llevarlo hasta un cierto nivel de consolidación, como trabajo de aula. Los beneficios en el alumnado pronto llegan, pero es necesario ser paciente al introducirlo, y atender a las premisas básicas.

Lo primero que conviene saber es que el alumnado, independientemente de su edad, incluso en el caso de los más pequeños, debe recibir una breve explicación de lo que supone este trabajo, por qué se le propone y qué se pretende al hacerlo. Las razones giran en torno a conseguir que descansen, precisamente moviéndose después de periodos de trabajo de concentración; necesitan ser conscientes de los beneficios que experimentan cuando se mueven y se expresan con música, cómo consiguen animarse, alegrarse, retomar energías; verificar los beneficios de un movimiento planteado con cierta libertad, alternado con periodos de trabajo en casi absoluta inmovilidad; etc… toda explicación deberá ser adaptada al lenguaje propio de su edad, y con capacidad de llegar a su comprensión. Es fácil que lo entiendan, porque los argumentos que se empleen en la explicación claramente serán contrastados con su propia vivencia, y la evidencia apoya su veracidad. El hecho de aportar argumentos y razones que justifican el trabajo le confiere valor, sentido, una razón que justifica su beneficio, y de esta manera, los niños y niñas lo vivirán con respeto y se empeñarán en conseguir ejecutarlo de la mejor manera posible.

Las pautas iniciales que transmitir al alumnado para empezar a funcionar deben ser las siguientes, las cuales consideraremos a partir de ahora como básicas y habrá que ir reforzando hasta consolidarlas en la práctica:

 

De esta forma, en las pausas de la música, cuando el alumnado instantáneamente se para, toda la atención se centra en el profesor/a quien irá lanzando propuestas orientadas a lo que quiera trabajar en cada momento. Por ejemplo, si decide incidir en el clima afectivo del aula, con propuestas del área social, podría pedir que se agrupen rápidamente con el compañero/a más cercano y formar “estatuas” en las que estén en contacto con alguna parte de su cuerpo; o podría pedirles que uniendo las espaldas de ambos, generen masajes a través de movimientos de roce y contacto entre sí…

En un principio, esta manera de introducir las propuestas de “El cuerpo entra en la clase” mediante música asociada a la marcha libre por el aula y parada de la música asociada a la pausa para recibir la petición del profesor, será la más adecuada, aunque más adelante, aparecerán otras formas de trabajo, que no estarán sometidas al esquema música-movimiento seguido de pausa-silencio.

Habrá que practicar hasta que esta premisa básica que se ha descrito como tal, se haya consolidado. Para ello, habrá que dar feedback sobre lo que veamos que va ocurriendo, para reforzar el mensaje. Es muy importante también animarlos, hacerles saber lo que hacen bien, felicitarles por ello, porque eso les motivará a querer mantener este trabajo basado en ejecuciones sencillas y divertidas.

Se deben utilizar las pausas de la música para felicitar, reforzar las buenas conductas de alumnos/as que quizá en otras situaciones no consigan ser felicitados/as; de esta manera se sentirán protagonistas y vivirán esta experiencia con satisfacción.

Las pautas que se den en cada parada deben ser diferentes para generar un mensaje completo pero dosificado, y siempre orientado a conseguir la premisa inicial que se ha planteado como básica.

Es importante reconducir situaciones cuando no se estén cumpliendo las premisas básicas: recordar que es importante conseguir una parada absoluta y silencio cuando pare la música, recordar que no deben rozarse al caminar, que deben utilizar todo el espacio libre del aula, etc. Estas pautas y recordatorios se aprovecharán para hacerse en las pausas, cuando paremos la música, ya que no deben hacerse por encima de la música. Una buena forma de hacer estos recordatorios es expresándolo en positivo, a través de felicitaciones explícitas a personas concretas, por ejemplo, de esta manera: “Muy bien María por utilizar los espacios de tránsito, muy bien Luis por caminar sin rozarte con nadie, muy bien Marta por hacer muy buenas paradas bloqueando perfectamente el movimiento de manera repentina… “

La actitud del docente es también muy importante. Cuando decide incorporar estas propuestas, su rol debe asemejarse al de un “animador” con capacidad de dinamizar con alegría al grupo, debe ser capaz de dar palmas para marcar el ritmo con entusiasmo, hablar con energía, vigor, y de forma alegre y divertida… esta es la actitud que debe transmitir el docente reforzando siempre lo positivo y obviando reproches, errores, fallos o enfados…. debe transmitir en sentido positivo y cordial.

Es posible que se comience consiguiendo estos logros, pero al cabo del tiempo, los niños y niñas se relajen y las paradas de la música no reflejen una verdadera quietud instantánea asociada a un silencio absoluto…. en tales circunstancias, vale la pena no seguir avanzando con nuevas propuestas, sino volver a incidir tan sólo en la alternancia de marcha con música y paradas con silencio, para recuperar el cumplimiento de las pautas básicas que constituyen la dinámica elemental de este trabajo.  Deben ser conscientes de lo importante que es mantener estas premisas.

Las propuestas, cuando se hacen a modo de descanso activo deberían durar 3-4 minutos y se deberían incorporar cuando el docente percibe que hay una cierta sensación de fatiga, quizá cada 20-30 minutos, si el trabajo llevado a cabo en el aula ha sido de cierta concentración y en ausencia de movimiento. Quizá en cada sesión de una hora podrían plantearse 1 ó 2 propuestas de este tipo. Deberán ser diferentes cada vez, porque si se repiten, se habrá perdido el factor sorpresa que este programa pretende ofrecer, orientándose a ilusionar, motivar y generar interés en el grupo.

Reconocer momentos de cansancio, fatiga, desconcentración o aburrimiento en el aula, tras un trabajo escolar prolongado es verdaderamente importante para incorporar el programa “El cuerpo entra en la clase” y conseguir que estos incisos motrices tengan sentido. De esta forma serán valorados por el alumnado, que se implicará en que funcionen satisfactoriamente, retroalimentando el valor que posee el programa en sí mismo.

El docente debe generar un banco de recursos con propuestas muy variadas, con idea de no tener que repetirlas. Es conveniente para ello, conocer las diferentes áreas de trabajo que hemos establecido dentro de “El cuerpo entra en la clase”, y en consecuencia, saber qué se puede proponer: Área social; área de aprendizaje; gestión de aula; área de los estados personales y área de las funciones ejecutivas. Las propuestas deben ser sencillas, orientadas a la finalidad planteada en cada momento y muy variadas.

Esperamos que estas aportaciones hayan resultado de utilidad. Podéis compartir vuestra experiencia al poner este programa en marcha, a través del Facebook de Renovacentia.